

“¿Lo veré?”
En estas fechas que se avecinan celebramos y recordamos el nacimiento de Jesús. Son fechas entrañables donde nos reunimos con nuestros familiares, amigos, etc., para recordar ese momento; donde damos gracias a Dios por este año y ponemos en sus manos el que está por entrar. En esta época, más que en otras, se lee con más frecuencia los textos relacionados con el nacimiento y todo lo que envuelve ese momento. Yo me detendré hoy en una persona, que como sucede con otras, pasan por la Biblia con muy poco detalle, pero con gestos y palabras que quedaron registradas para la posteridad.
Aunque la Biblia no dice que nuestro personaje era anciano el texto parece indicar que sí lo era. Era alguien cuya conducta era intachable, pues la Biblia dice que era justo y piadoso. El mundo de su época ofrecía todo lo contrario, injusticia y una aparente piedad disfrazada religiosamente, cosa que quizá no diste mucho de nuestro mundo actual. ¡Cuán difícil es vivir justa y piadosamente en medio de un mundo que te invita a lo contrario para “sobrevivir”!
Este hombre tenía una esperanza…, un sueño…, un deseo. Su deseo y esperanza no era tener una mejor casa, un mejor coche, una mejor pensión o salario, un estatus social respetable, ser admirado por los demás. Su deseo no era material y vano, sino espiritual. Su esperanza residía no en una cosa o sentimiento, sino en una persona. Es más, su esperanza no partía de él mismo, sino del Espíritu Santo, pues el texto dice: “Y le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor” (Lc. 2:26). Sí, estamos hablando de Simeón, ese hombre que aguardaba la llegada del Salvador. Era el Espíritu quien sostenía su esperanza, y aún más, era el Espíritu quien dirigía su vida. El texto dice: “Y movido por el Espíritu, vino al templo” (Lc. 2:27a)”.
Sólo en el momento en que tuvo al niño en sus brazos, su esperanza se cumplió y bendijo a Dios diciendo que sus ojos han visto la salvación. ¿Qué es lo que desea tu corazón? ¿Qué deseas en estas fechas especiales? ¿Qué es lo que aguarda? ¿Acaso esos deseos son los “deseos” de Dios o los tuyos propios? En estas fechas bendice a Dios, porque tus ojos han visto la salvación, la ha experimentado tu vida y la puedes compartir a otros que todavía no tienen esta esperanza.
Vuestro en Cristo:
Pr. Óscar O. Quintana Arencibia (18/12/11)

“yo y YO”
Es muy conocida la historia del llamamiento de Moisés en Éxodo 3 y 4. Dios se le aparece en la zarza ardiente que no se consumía y Moisés pretende acercarse para observar y dice: “iré yo ahora y veré esta grande visión…”. Tenemos el primer “yo” de Moisés. Un yo curioso de ver, de analizar aquella visión. Hasta que Dios establece un diálogo presentándose como el Dios de sus padres, de Abraham, Isaac y Jacob; y le designa su misión y proyecto de liberar al pueblo usando como instrumento a Moisés. Pero cuando Dios pretende enviarle, Moisés determina su primera excusa anteponiendo su “yo” al de Dios diciendo: “¿Quién soy yo…?” Moisés se pregunta quién es él para acometer esta grande misión. Todavía no se da cuenta o no conoce al que le envía y Dios responde: “ve, porque Yo estaré contigo…Yo te he enviado”. Dios le estimula diciendo que estará con él, que es Él quien le envía así que esta es su máxima garantía. Pero Moisés quiere más y vuelve a sacar su yo personal al decir: “llego yo a los hijos de Israel y les digo…”. Es aquí donde Dios pronuncia su sublime Yo, para decirle: “Yo soy el que soy…Yo soy me envió a vosotros”.
No importaba tanto el yo de Moisés, sino el divino. Nuestro yo carece de sentido sin el divino. Moisés seguía viéndose a sí mismo, y de hecho siguió poniendo excusas después para no ir, pero no se daba cuenta de que el Yo divino era el que importaba y con ese Yo su yo personal sí podía ir a la misión encomendada. Dios le dice posteriormente: yo estaré, yo os sacaré de la aflicción, yo extenderé mi mano, yo daré a este pueblo gracia. Moisés era un instrumento, pero las acciones venían de Dios y esto es lo que importaba…su Yo actuando. Su Yo Soy el que Soy, su Yo Soy el que está siendo contigo. Su Yo inmutable, su Yo eterno, su Yo permanente, su Yo trascendente y cercano a la vez.
Ese Yo divino sigue diciéndote hoy día Yo estoy siendo contigo, estoy contigo. No te centres sólo en tu yo personal. Moisés con su solo “yo” personal no hubiera hecho gran cosa, pero con el divino fueron liberados. No es que se deje a nuestro “yo” a un lado, sino que el Yo de Dios actúa por medio, a favor y con nosotros. Nuestro “yo” se somete al suyo, es usado por Él.
Moisés pretendió ir a la zarza para analizarla, pero en realidad, fue Moisés analizado ante el Yo de Dios. Él quedó al descubierto ante la presencia de Dios. ¿Y tú? ¿Qué excusas vas a poner? ¿Vas a seguir centrado en tu “yo” personal o vas a mirar a Dios y su acción en ti?
Vuestro en Cristo:
Pr. Óscar O. Quintana Arencibia ( 27/11/11)
EN MARES SALVAJES

“¿Por qué el hombre se empeña en ir más allá de la nada?”, vaya pregunta más arriesgada. El novelista y maestro de la literatura de viajes Javier Reverte cuenta en su último libro titulado En Mares Salvajes (Un viaje al Ártico), que uno de los retos más arriesgados de la historia fue la búsqueda de la ruta más corta entre Asia y Europa a través de los inhóspitos mares del Ártico con la gran amenaza de los hielos para recorrer el escenario que se ha cobrado la vida de varios navegantes y poder narrar las hazañas de aquellos exploradores del siglo XVI y de Roald Amundsen, el primer hombre que logró completar la ruta en 1906.
Penetrar en aquellos agrestes y grandiosos paisajes por geografías tan lejanas, apenas exploradas: Las tierras y mares del Ártico no debe de ser nada fácil para un explorador que busca ir tras los pasos de los héroes del Ártico. Muchos hombres como Moisés y el pueblo israelita emprendieron un largo viaje. Salir de Egipto no era tarea fácil dado que estaban encerrados en el desierto y acampados junto al mar. Al ver que tenían todo perdido, que los egipcios venían tras ellos, temieron en gran manera y clamaron a Jehová. Y Moisés dijo al pueblo: No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros. Éxodo 14, 13. Moisés estaba guiado por Dios y seguía sus ordenanzas, pero lo que en principio era solo un viaje de tres días por el desierto para ofrecer sacrificios a Jehová y disfrutar de aquella promesa de que les llevaría a una tierra que fluye leche y miel, se convirtió en toda una travesía de cuarenta años con muchas experiencias; vivieron momentos de alegría donde brotaban los cánticos para Dios, fueron alimentados con pan del cielo, bebieron agua de las rocas, recibieron los diez mandamientos, recibieron leyes humanitarias, leyes sobre la violencia, etc. Cuarenta años en los cuales la misericordia y la fidelidad de Dios les acompañó siempre.
Tras la muerte de Moisés, Josué su sucesor recibió las instrucciones de Dios para seguir guiando el pueblo de Israel. Debían ir al río Jordán y reposar tres días allí antes de cruzarlo para llegar a la tierra que Dios les había prometido. Continuar este camino y ser el encargado de repartir a todo el pueblo de Israel por heredad la tierra que Dios le había jurado a sus padres seguramente fue todo un reto para Josué, un reto hermoso teniendo en cuenta las palabras de Dios a Josué: Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé. Esfuérzate y sé valiente. Josué 1, 5-6.
No necesitamos ir más allá de la nada, para ser como Moisés y Josué, necesitamos ser hombres y mujeres dispuestos a ESFORZARNOS y a SER VALIENTES para cumplir los mandamientos de Dios , para que de día y de noche meditemos en su palabra, para que guardemos y hagamos conforme a todo lo que en ella está escrito; entonces serán prosperados nuestros caminos y todo nos saldrá bien. No temas, ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas. Josué 1,9-10.
Bendiciones,
Salomé Quintero A. (13/11/2011)

En este mes se celebrará el día de la Reforma Protestante. Día tan señalado para nuestras iglesias herederas de este movimiento. Reformadores como Martin Lutero tuvieron un encuentro con la Palabra, la cual iluminó sus vidas y les llevó a la reflexión entre la teología y la práctica. Lutero observó esa discordancia entre la tradición y la Biblia. Un hombre con una inquietud religiosa bien marcada que le llevó a una vida monástica y ascética. Llegó a buscar fe en Roma, pero lo que encontró allí no tenía nada que ver con la fe. Su vida fue transformada por el Señor, por su Palabra.
No quiero entretenerme en contar hazañas, teologías y biografías de los teólogos reformadores, sino más bien, trasladar esa inquietud a nuestro tiempo. Arriba en el gráfico encontramos la palabra “formar” acompañada de varios prefijos. ¿Qué hacemos con nuestra vida? ¿Y la iglesia?
Las cosas pueden ser deformadas, y podríamos añadir que las vidas también. Esto sucede cuando uno no se rige por la Palabra, como expresa el apóstol Juan: “El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él”, (1 Jn. 2:4-5). En el que guarda, y no en el que dice que guarda, el amor de Dios es perfeccionado, por lo tanto no es una vida deformada sino perfeccionada por Él.
En vez de deformar ¿quizá somos de los que nos conformamos? El conformismo es una enfermedad lenta, y que a veces se extiende entre la iglesia. El conformismo es una actitud pasiva que podría llevarnos a una vida mediocre, incluso, a una pobre espiritualmente hablando. Una cosa es reconocer nuestra condición y dependencia de Dios en ese sentido de pobreza espiritual. Pero otra cosa es vivir una vida pobre en espíritu por nuestra dejadez. La vida conformista no tiene alicientes, no tiene compromiso, no tiene motivaciones, y encima es contagiosa. Es más, el conformista no cree en sí mismo, piensa que no tiene nada que aportar, y si aporta algo cree que no supondrá mayor diferencia. Junto a este estilo de vida conformista, hay algo peor, y es lo que menciona Pablo en Ro. 12:2: “no os conforméis a este siglo”. Temblemos cuando la gente no sea capaz de diferenciar a un cristiano de un no cristiano.
Por tanto, debemos buscar algo más, y ya no es sólo el inconformismo, sino que el apóstol Pablo dice “transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento”. No es sólo un protestar por el estado actual del mundo, o ser un inconformista, sino que Pablo lo pone en la perspectiva de la transformación interna. Igualmente, la iglesia debe ser transformada por Su Palabra, y debe ser agente transformador para otros.
El último prefijo que nos queda es “re-formar”. Uno de los lemas de la iglesia es que debe reformarse siempre. En estos tiempos, nosotros debemos seguir haciendo este ejercicio tanto en nuestra vida como en la iglesia. Como nos exhorta el apóstol Pablo: “y renovaos en el espíritu de vuestra mente” (Ef. 4:23).
De todos los prefijos mencionados escoge con cuáles te quieres identificar (De – Con – Trans – Re). Sigamos progresando y desarrollándonos en nuestro caminar como individuos y como iglesia. Ponte en las manos de Aquel que realmente nos Forma.
Vuestro en Cristo:
Pr. Óscar O. Quintana Arencibia (30/10/2011)
Una fe misionera

Recientemente hemos celebrado nuestro primer día multicultural en la iglesia. Hemos querido tener un tiempo de comunión, y un tiempo para conocernos mejor. Un instante donde hemos dado oportunidad de conocer las necesidades de los países representados en la iglesia y orar por ellos. Sin duda, una característica de nuestra comunidad es la multiculturalidad, y aunque seamos tan diferentes y vengamos de contextos tan distintos, también tenemos elementos comunes. Pablo nos habla de ello en Efesios 4:4-6: “un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos”.
Quiero llamaros la atención sobre algo, y es que Pablo habla de que compartimos una fe; una fe en nuestro Señor Jesucristo. Si algo sé de esa fe, es que ha traspasado o recorrido a lo largo del tiempo, y de las culturas; y ha llegado a cada uno de nosotros. Dice el Dr. Samuel Escobar: “La fe cristiana, es una fe misionera”. Y si la fe es misionera, el pueblo de Dios es un pueblo misionero. Así como la fe está en movimiento, el pueblo de Dios también lo está.
Hasta hace no mucho se hablaba entre las juntas misioneras de ir a evangelizar de los países cristianos a los no cristianos, llegando a utilizar hasta lenguajes bélicos (conquistar, poseer, estrategias); pero hoy día, en el mundo globalizado, todo es campo de misión. Hasta los países tradicionalmente cristianos. Nuestro Dios, es Dios misionero. Comisiona y capacita para la misión. En el Antiguo Testamento Dios esperaba que su pueblo fuese luz a las naciones. Hay salmos que expresan ese deseo
Proclamad entre las naciones su gloria,
En todos los pueblos sus maravillas. (96:3)
En el Nuevo Testamento, Jesús comisiona para la misión. En el inicio les dice a sus discípulos que son la luz del mundo, y la sal de la tierra. Y en el final de su ministerio terrenal dice: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén”, (Mt. 28:19-20). También en Juan encontramos la siguiente frase: “Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo”, (Jn. 17:18).
Y qué decir del Espíritu Santo. El Espíritu impulsa a los creyentes a la misión.
Hch. 1:8 “pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.”
Hay una diferencia notable, y es que el pueblo fracasó, no sólo en ser luz en las naciones, sino que hicieron de su fe algo cerrado, algo suyo, posesivo, exclusivista. Jesús envía a sus discípulos, y completa la misión en que es impulsada por el Espíritu Santo. La misión ha sido voluntaria cuando Jesús envía y sus discípulos responden (gran comisión). Pero la misión también ha sido forzosa, cuando hubo persecución.
Hch. 8:1 “Y Saulo consentía en su muerte. En aquel día hubo una gran persecución contra la iglesia que estaba en Jerusalén; y todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria, salvo los apóstoles.”
La fe misionera, es una fe que rompe barreras. Recordamos la historia de Pedro y Cornelio. Pedro estaba en Jope y Dios le da una visión preparándole para el encuentro. Pedro, en casa de Cornelio entiende lo que sucede y llega a decir:
Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: “En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia.” (Hch. 10:34-35)
Sin embargo, se produjo un problema posterior. Los de la circuncisión se quejaron de que Pedro comió con gentiles.
“Y cuando Pedro subió a Jerusalén, disputaban con él los que eran de la circuncisión, diciendo: ¿Por qué has entrado en casa de hombres incircuncisos, y has comido con ellos?” (Hch. 11:2-3)
Se abren nuevos desafíos para la comunidad cristiana al romper barreras culturales, y hoy nosotros seguimos teniendo desafíos, fuera, y dentro de la comunidad al ser tan distintos, pero a la vez uno en Cristo. Seamos parte de esa fe misionera para seguir proclamando el evangelio allá donde estemos, desde nuestro entorno más cercano.
Vuestro en el Señor:
Pr. Óscar O. Quintana Arencibia (16/10/2011)
“¿Oportunidad?”

Cuenta la historia que en una ocasión un viejo burro de un campesino cayó dentro de un pozo seco. El burro comenzó a rebuznar de miedo para pedir auxilio. Su dueño se acercó al oír el escándalo y trató de pensar en algo que pudiera darle solución a aquella situación. En vista de la imposibilidad de sacarlo, el campesino se dijo a sí mismo: este burro es viejo, y el pozo está seco, ¿para qué voy a intentar sacarlo? Mejor será tapar el pozo con el burro dentro. Así que el campesino llamó a otros vecinos de la zona, y trajeron cada uno su pala, con la cual empezaron a echar tierra en el pozo donde estaba el burro. El animal, al darse cuenta de lo que sucedía comenzó a rebuznar más intensamente. Sin embargo, al poco de que los campesinos dieran unas cuantas paladas ya no se escuchó más el quejar del animal. Al asomarse a la boca del pozo, para asombro de todos, se dieron cuenta de algo. Por cada palada que echaban, el burro se sacudía la tierra, la dejaba caer y ponía sus patas sobre ella. Así lo hizo hasta que logró alcanzar la altura suficiente para salir del pozo.
¿Cuántas veces las situaciones nos hacen sentirnos dentro de un pozo? Sin salida alguna, y por si fuera poco, aparentemente los problemas se nos agolpan encima. Es normal ver los problemas como lo que son,… “problemas”. Pero ¡qué difícil es ver los problemas como una oportunidad para crecer! Santiago nos dice, “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia”, (Stg. 1:2-3). En este caso, no nos dice que tendremos la solución a todos los problemas. Sin embargo, nuestro carácter puede ser formado en esas situaciones donde nuestra confianza en nuestro Señor es puesta a prueba. ¿Cómo vemos la prueba? ¿Crees que puedes aprender en medio de ella? ¿Crees que la puedes aprovechar? En el judo se aprovecha la propia fuerza del contrincante para derribarlo, y en la prueba se aprovecha para que la paciencia sea fortalecida y tu confianza, en Aquel que es Fiel, no desfallezca.
Cuando José fue metido en una cisterna por sus hermanos nadie pensó que eso era una situación de oportunidad, pero desde ese momento se inició un camino para José que acabaría como segundo al mando en Egipto. Nosotros recordamos el final de esa historia y vemos que llegó a un puesto de honor, pero en medio de esa trayectoria seguía habiendo pruebas que superar. En nuestro caso, no lo menciono con la intención de llegar a alguna posición deseada, sino con la intención de verlo como una oportunidad de crecimiento. Fortalécete en el Señor y en el poder de su fuerza. ¡Sacude la tierra que te cae encima y da un paso más de fe!
Vuestro en Cristo: Pr. Óscar O. Quintana Arencibia (02/10/2011)
“Helados”

Dice el refrán: “para gustos colores”. También podríamos decir “para gustos sabores”. Creo no recordar a alguna persona que me haya dicho que no le gustan los helados. ¿A quién no le gusta tomarse un helado en este tiempo veraniego? Cuando has estado de vacaciones, o en la playa, o en una terraza, probablemente hayas tomado algún helado. Y es que para elegir hay muchos sabores. Quizá podremos coincidir con otra persona en el gusto, pero otros no. Podríamos hacer un ejercicio imaginario y experimental de los sabores relacionándolo con las personas que lo toman.
Por ejemplo, están los de fresa, esos que son suaves y tiernos a la vista y gusto. Los de chocolate, que dan ese toque dulce aunque con demasía pueden resultar empalagosos. Los de turrón y vainilla, es decir, los de toda la vida, los tradicionales. También están de mango, papaya, piña, coco…, que se traduce en los sabores tropicales que nos dan una chispa de alegría. Los de limón y naranja, con ese toque ácido y poco común. Y qué decir de los de nata, que son capaces de combinar con todo y quedar bien con todos.
Y es que así podríamos ser nosotros. Casa uno tiene un sabor distinto, una forma de ser distinta, una característica que es parte de ti, te identifica, te hace ser único. Los hay dulces, tropicales, ácidos, etc., que dan riqueza y variedad de sabores. La Biblia habla de una variedad relacionada con la iglesia en Romanos 12:4-8.
Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros. De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría.
Cada uno tiene algo que aportar, tiene un don que puede ponerlo en funcionamiento en la iglesia. Como dice el Apóstol Pedro: “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios”, (1P 4:10). Tienes una cualidad que no sólo te define o identifica, sino que puedes hacer que los demás podamos saborearlo y disfrutar de tu aportación. Espero que todos los que hemos estado un tiempo de descanso, vengamos con la disposición de seguir aportando, y sirviendo al buen desarrollo de tu iglesia.
Vuestro en Cristo: Pr. Óscar O. Quintana Arencibia (04/09/2011)

“Aunque no haya nada…, con todo”
Aunque la higuera no florezca,
Ni en las vides haya frutos,
Aunque falte el producto del olivo,
Y los labrados
no den mantenimiento,
Y las ovejas sean quitadas de la majada,
Y no haya vacas en los corrales;
Con todo, yo me alegraré en el Señor,
Y me gozaré en el Dios de mi salvación.
El Señor es mi fortaleza,
El cual hace mis pies como de ciervas,
Y en mis alturas me hace andar.
Habacuc, profeta que tiene un profundo diálogo teológico con Dios tratando de encontrar respuestas a su contexto. Al final de su escrito, en forma poética encontramos los versículos que acabáis de leer. Unos versículos que hablan de una fe contundente y nos conmueve el corazón a la vez que nos consuela. Este pasaje habla de una experiencia, la de Habacuc, narrada desde un contexto de peligro, miseria y dificultad. El profeta mira a su alrededor y observa injusticias, abusos, y destrucción. Los caldeos se levantarán contra ellos y llegará un tiempo de castigo.
Y es en esa situación que Habacuc pronuncia estas palabras que podríamos resumir: “aunque no haya nada a mi alrededor”. En una economía de vivir al día y depender de la agricultura y ganadería, el ver que todo esto ya no está sería un motivo para inquietarse, atemorizarse o desanimarse. Sin embargo, aunque Habacuc analiza la situación observando con detalle cómo está el panorama, su confianza no está descansando en esos bienes materiales tan necesarios, sino que a modo de contraste dice: “con todo, yo me alegré en el Señor”. Su fuente de alegría no es la autoestima, ni el pensamiento positivo, ni aislarse de la realidad, sino que su alegría está en el Señor. Dios, sigue siendo para Habacuc su Dios, su fortaleza, su salvación. Habacuc sabe que todo a su alrededor falla, pero Dios es fiel a sí mismo, a lo que Él es y ha dicho.
Quizá ahora, quizá en otras etapas de tu vida, o quizá llegarán tarde o temprano, te hayas sentido como Habacuc, donde todo a tu alrededor se desvanece. Nuestras reacciones a veces se dejan llevar por el miedo, la impaciencia, el estrés, incertidumbre, etc. Sin embargo, es un momento para seguir confiando en Dios. En aquel que es nuestra salvación y fortaleza, y pronunciar como Habacuc: “con todo, yo me alegraré en el Señor”. Fiar nuestra vida según cómo van las cosas a nuestro alrededor es depositarnos sobre las arenas movedizas del devenir de este mundo. Confiar nuestra vida en nuestro Señor, es estar en la roca inconmovible. Es estar en el Dios de nuestra salvación y fortaleza.
La Biblia no está llena de super hombres y mujeres extraordinarios, sino de hombres y mujeres que en los momentos claves de su vida depositaron su confianza en Aquel que es extraordinario, en Aquel que llama las cosas que no son como si fuesen. Hoy puedes seguir analizando las situaciones con una actitud de queja, de escepticismo, impaciente, etc., o tienes la oportunidad de alegrarte en el Dios de tu salvación confiando tu vida plenamente en Él.
Vuestro en Cristo: Pr. Óscar O. Quintana Arencibia (10/07/11)
“Mesa presidencial”

Gene Wilkes, en su cuaderno de discipulado “El liderazgo de Jesús”, menciona ciertas cuestiones sobre el servicio que no deben pasar desapercibidas. Él analiza desde su propia experiencia cómo siempre busca sentarse en la “mesa presidencial” y no en la “mesa de la cocina”. ¿Qué quiere decir con esto? Este autor dice que puede ser que se desee más pretender un puesto visible en la mesa presidencial, que una mesa de cocina donde se trabaja sin ser muy visto. Usa estas dos mesas a modo de contraste para hablar del tipo de servicio que en ocasiones se sigue entendiendo.
Eso es precisamente lo que pretendieron los discípulos (Lc. 22:24-27). Discutían para saber quién era el más importante. Jesús utiliza el ejemplo de la mesa desde otro ángulo. A la vista de todos, el que se sienta en la mesa es el mayor, pero en el Reino de Dios es el que sirve, como Jesús mismo se ejemplifica. En Marcos 10:45 tenemos esta afirmación: “Porque el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos”. Estas palabras están pronunciadas igualmente en un contexto en el que los hijos de Zebedeo piden un lugar de honor, cosa que provocaría el enfado del resto de discípulos. La verdad, es que me pregunto si se enfadaron por la desfachatez de la pregunta de los hijos de Zebedeo, o si se enfadaron porque ellos también querían tener su lugar de honor. Ante tal situación, Jesús vuelve a ponerse como ejemplo, en cuyo plan de su misión está el objetivo de servir, y no ser servido. Ellos buscaban un lugar de honor, pero realmente el lugar de honor está sirviendo junto a Jesús, siguiendo su ejemplo.
Hay otro texto ejemplar. En Juan 13, tenemos a Jesús haciendo un acto que estaba destinado a los siervos de la casa. Jesús lava los pies de sus discípulos y al hacerlo da una lección al resto que le vio. Una vez más Jesús es el Maestro integral y dice: “Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis”, (Jn. 13:13-15). Sus palabras cobran un peso mayor debido a su acción que el resto puede imitar.
Tenemos la postura mundanal que busca el ser servido, que busca una posición donde todos estén a mi servicio, una postura egocéntrica. Y por otra parte, tenemos el ejemplo de Jesús, que siendo Señor y Maestro sirvió a los demás, y que espera la misma acción de sus discípulos. ¿En qué lugar de la mesa quieres estar? ¿Sentado esperando a ser servido, o sirviendo? ¿Qué tipo de discípulos seremos? ¿Los que buscan una posición, o los que aprovechan las oportunidades para servir?
Vuestro en Cristo:
Pr. Óscar O. Quintana Arencibia (26/06/11)
“Rechazo, condiciones,
incomprensión”
En los evangelios encontramos muchas historias y situaciones que rodean a Jesús. Los evangelios quieren presentar a Jesús, y cada evangelio añade una perspectiva o elemento que otro no tiene. Sobre las personas que rodeaban a Jesús podríamos encontrar diferentes grupos que podríamos encasillar de acuerdo a sus reacciones. Por ejemplo, al primer grupo lo llamaremos los “rechazadores”. Estas personas deberían ser las primeras en haber aceptado a Jesús, ya que eran los religiosos, los conocedores de la Escritura, los doctores en la Ley, etc. Sin embargo, son los que le rechazaron, son los que procuraban prender y matar a Jesús. Son aquellos que le acechaban: “Y le acechaban para ver si en el día de reposo le sanaría, a fin de poder acusarle”, (Mc. 3:2); aquellos que incluso, aunque pertenecieran a grupos con fines distintos se unían con el propósito común de destruir a Jesús: “Y salidos los fariseos, tomaron consejo con los herodianos contra él para destruirle”, (Mc. 3:6). Unos decían que por el príncipe de los demonios echa fuera demonios, otros decían que demonio tenía, otros que Jesús estaba fuera de sí (Jn. 10:20), otros querían apedrearle (Jn 10:31), otros despeñarle (Lc. 4:29).
Como vemos, enemigos no le faltaba, y donde quiera que Jesús se movía, allí estaban ellos para buscarle en algo para acusarle.
Otro grupo son los “condicionantes”. Este grupo de personas son las que se acercaron por interés. Como en la alimentación multitudinaria (Jn. 6:14ss), donde muchos al ver la señal quisieron hacerle rey diciendo que era el verdadero profeta que había de venir. Puede que haya personas que se acercaron porque tenían algo bueno que sacar; buscar provecho, etc. ¿Quién no quiere tener un Mesías así? Uno que te alimente y que haga grandes señales. Puede ser que hoy día algunos sigan moviéndose tras la señales y no atiendan a las palabra de Jesús.
Por último, tenemos a los “seguidores” de Jesús. A los discípulos. Estos son los que respondieron a una llamada, los que fueron conociéndole poco a poco. Los que tenían una idea de quién era el Mesías, pero esa idea les fue transformada poco a poco. Los que escucharon a Jesús, y le vieron actuar. Aun así, los discípulos no se enteraban mucho del actuar de Jesús, no llegaban a captar bien su enseñanza, ni llegaban a comprender su misión por más que se la repitió una y otra vez.
En fin, tenemos a un grupo opositor, otro que se mueve según los intereses y otro que no comprendían al Maestro. Y me pregunto ¿cómo se sentiría Jesús en su ministerio? ¿Se sentiría en alguna ocasión solo? ¿Incomprendido quizá? ¿Y tú? ¿Te has sentido así? La etapa que nos presenta los evangelios de la vida de Jesús es sobre todo su ministerio, y la verdad que no fue un camino llano, sin problemas, sin obstáculos. Nuestra vida no está exenta de ello. Pero ese no es el tema. La cuestión es ¿en qué grupo te encuentras? ¿En los que rechazan a Jesús? Quizá no le has dado oportunidad para conocerlo y presentarse. ¿En los que vienen según les interesa? ¿Según sopla el viento o según las circunstancias? ¿Eres del grupo de discípulos que siguen a Jesús? Aunque todavía haya mucho por aprender y experimentar, sigamos al maestro en su camino.
Vuestro en Cristo:Pr. Óscar O. Quintana Arencibia (12/06/11)
“Creo que es por aquí”
En alguna ocasión, es posible que al desplazarte a algún lugar que no conoces en coche te hayas perdido un poco. A veces se produce la típica discusión entre el chófer y el acompañante: ¿Por qué no preguntas? – A lo que el conductor responde: creo que es por aquí. Y así puede pasar un rato sin encontrar el sitio hasta que el conductor desiste y pregunta a algún lugareño. En otras ocasiones puede ser que alguien te dé mal las instrucciones para llegar a un sitio, y acabes perdido igualmente. Así me pasó a mí. Teníamos que ir a un pueblecito de Toledo, y por las malas instrucciones de alguien por poco no acabamos en Ciudad Real.
Una herramienta muy útil ha sido la llegada del GPS (Global Positioning System). El GPS te puede guiar exactamente al punto que quieres llegar. Pero tiene otras aplicaciones. Por ejemplo, algunos traen un manual de primero auxilios en caso de accidente. También, si te pasas de la velocidad establecida te dará un pitido para recordártelo. Por otra parte, el GPS es un dispositivo que se tiene que mantener al día actualizando los mapas de carreteras por si hay cambios.
Usando la anécdota, en ocasiones nosotros funcionamos por intuición. A veces la frase: creo que…, quizás es así…, tal vez…; son usadas en nuestro vocabulario. Con la Palabra de Dios estas frases no encajan; no podemos ir por intuición, sino en confianza partiendo del conocimiento de lo que la propia Biblia dice. La confianza la depositamos en su Palabra, en Dios que es el dador de la misma. En cierta manera, la Biblia es como un GPS (Guiados por la Palabra del Señor). Ella nos encamina por la vida, Salmo 73:24. Pero también, la Palabra nos corrige, como ese pitido del GPS cuando nos saltamos la velocidad, Salmo 94:12; 2 Ti. 3:16-17. El GPS también tiene un manual de primeros auxilios, pero la Biblia es un manual no sólo para heridos, sino para aquellos que estaban muertos en pecado y ahora obtienen la vida eterna a través de Jesucristo, Col. 2:13. Finalmente, así como el GPS necesita estar actualizado, nosotros necesitamos revisarnos a diario en su Palabra. Contextualizar el mensaje para nosotros, aplicarlo para la mayordomía de nuestra vida. Si hacemos caso a las instrucciones de la Biblia no nos desviaremos para perdernos, sino que estaremos Su camino. ¿Cómo te vas a guiar ahora?
Vuestro en Cristo:
Pr. Óscar O. Quintana Arencibia (29/05/11)
“Desarrollo integral”
En el Evangelio según Lucas encontramos el siguiente versículo: Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres, (Lc. 2:52). Es un hermoso versículo que resume cómo Jesús iba creciendo y desarrollándose como individuo. Poco antes, Lucas había hecho otro resumen similar en 2:40: Y el niño crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él. ¿No es maravilloso y llamativo observar cómo nuestro Señor se encarnó, habitó entre nosotros y se desarrolló como un niño hasta alcanzar la madurez?
En estos días celebraremos el día del hogar cristiano. Hogar donde se debe proveer el espacio necesario para potenciar el desarrollo de nuestra familia en sus diferentes ámbitos. Estamos inmersos en una sociedad consumista donde si a algo se dedica tiempo es a trabajar, a proveer para suplir las necesidades materiales. Así es; nuestro hogar necesita de este desarrollo, pero hay otras facetas importantísimas del hogar a tratar. Jesús crecía en sabiduría. ¿Qué tiempo dedicamos a los niños a instruirles? ¿Será que el televisor, internet, videojuegos, organismos públicos, amigos, etc., han sustituido esta responsabilidad del hogar? ¿Qué tiempo pasan frente al televisor o internet? ¿Filtramos o tememos alguna supervisión de lo que ven o leen? ¿Damos respuestas a sus inquietudes? Son muchas preguntas, pero necesarias en nuestros tiempos responder cuanto antes.
Jesús crecía en estatura. Se desarrollaba en cada fase de su edad. Nuestros hijos tendrán diferentes inquietudes en cada etapa de su vida. Tendrán diferentes reacciones. Irán madurando. Se hace necesario estar cerca de ellos, y así responder no sólo de forma intelectual, sino afectiva. Amándoles, escuchándoles, corrigiéndoles, etc.
Jesús crecía en gracia. Nuestros hijos necesitan ser provistos de su necesidad e inquietudes espirituales, es decir orientarles hacia Jesucristo. Todo ese peso no puede caer en la iglesia, en los profesores de escuela dominical una hora a la semana. Esto es tarea en el hogar. Instruirles en la Biblia para que observen cómo Dios actuó en gracia en el pasado y cómo ellos lo pueden experimentar en sus vidas hoy.
A través de estas áreas podremos potenciar el crecimiento integral dentro del hogar bajo la dirección y gracia de Dios. Deseamos que nuestros hogares remonten vuelo como las águilas y podamos crecer bajo la soberanía y voluntad de Dios. Que su reinar sea en nuestras vidas y hogar.
Vuestro en Cristo:
Pr. Óscar O. Quintana Arencibia (01/05/11)
“Sin control”
“Imparable”, es el título de una película dirigida por Tony Scott y protagonizada por Denzel Washington y Chris Pine. En ella se desarrolla la historia de un tren de mercancías que está fuera de control. La trama comienza con un maquinista que tiene que mover un tren de 800 metros de largo para cambiarlo de una vía a otra. En la secuencia, él se baja del tren que iba muy lento para tratar de cambiar las agujas de la vía manualmente. A pesar de las advertencias de sus compañeros, él insiste en que tiene todo controlado, ya que el tren va lento y a él le daría tiempo de hacerlo si camina rápidamente. Sin embargo, el tren cobra velocidad, por lo que al maquinista no le da tiempo de subirse de nuevo. A partir de ahí, la historia se basa en el afán por querer volver a controlar un tren que va muy rápido, con mercancías peligrosas, por una vía principal, y sin maquinista que lo gobierne poniendo en jaque poblaciones enteras.
Fijémonos en que una acción del maquinista, el cual creía que tenía todo bajo control, se convirtió en una cadena de errores y desastres por ese tren descontrolado. El tren iba arrollando y destrozando todo lo que se interponía en la vía. En ocasiones creemos tener todo bajo control; la situación dominada de nuestra vida, pero decisiones que aparentemente están controladas se nos pueden ir de las manos. Por un lado, la Palabra de Dios nos insta a velar por nosotros mismos (1 Cor. 10:12; 1 Ti. 4:16), pero por otro lado, cuando cometamos errores en el camino, cuando caigamos, el Señor nos vuelve a levantar. Él nos tiende su mano, como dice el Salmo 37:24: Cuando el hombre cayere, no quedará postrado, porque Jehová sostiene su mano.
El primer paso es volverse a Dios, buscarle a Él (Sal. 34:4), porque Él atiende nuestro clamor y el corazón humillado será escuchado. En segundo lugar, busquemos en su Palabra su dirección, su guía para nuestra vida (Sal. 119:2). No a modo de mera información, sino acción. Es decir, hacedor de su Palabra. Y en tercer lugar, busquemos apoyo en la comunidad restauradora del cuerpo de Cristo, su iglesia (Gal. 6:2). Pongámonos en las manos de Dios para que nuestra vida no descarrile y sea Él quien tome el control. ¿Te quieres poner en sus manos hoy?
Vuestro en Cristo:
Pr. Óscar O. Quintana Arencibia ( 03/04/11)
Me salgo por la tangente

“Escape”; esa pequeña tecla situada en la parte superior izquierda del teclado. Quizás no, o quizás sí sea una tecla muy recurrente en ciertas ocasiones cuando algo no nos interesa. Cuando la usamos queremos decir: “no, cancelar, salir, quitar, abortar, etc.”. Probablemente, en algunas situaciones de nuestra vida nos haya gustado poseer una tecla que nos permita “salir, quitar, cancelar” aquellas cosas que no nos gusten, o nos eviten pasar por procesos incómodos. Como tal tecla no existe, entonces recurrimos a la técnica de la evasión, o lo que coloquialmente se dice “salir por la tangente”. Buscar un punto, recurso, excusa o cualquier otra cosa que permita eludir la situación.
Muchos intentaron salirle por la tangente a Dios como Moisés cuando puso diversas excusas para no ser él el escogido para liberar al pueblo (Ex. 3:10-4:18), Jonás para ir a Nínive (Jon. 1) ¿Y qué decir de Saúl? El cual no sólo desobedece, sino que se excusa ante Samuel utilizando al pueblo como si él no tuviera que ver con la desobediencia que hizo (1 S. 15). Aún, las mejores intenciones sirven de excusa para desobedecer, para escapar de responsabilidad, pues esto lo hacían en los tiempos de Jesús para evitar el cuidado de los padres al utilizar la ofrenda a Dios (Mt. 7:9-13) ¿No eran los escribas y fariseos unos artistas de la evasión? ¿No eran ellos los que buscaban salir por la tangente a Jesús una y otra vez? …¿Y nosotros? ¿Lo intentamos alguna vez?
Volviendo al teclado informático, ¿te has fijado que después de la barra espaciadora, generalmente la tecla más grande es la “enter”? Esta tecla se usa para responder afirmativamente (sí, entrar, ejecutar, aceptar, etc.). ¿No debiera ser así nuestra respuesta al Señor? ¿No respondió Isaías así pudiendo eludirla en una época complicada (Is. 6:8)? Jesucristo mismo dijo en diferentes ocasiones que vino a hacer la voluntad del que le envió (Jn. 4:34; 5:30, 6:38), y lo hizo hasta el final (Lc. 22:42). Ahora nos toca a nosotros responder afirmativamente a la voluntad de Dios y dejar de salir por la tangente. ¿A qué esperas? ¡Pulsa el “enter”!
Vuestro en Cristo:
Pr. Óscar O. Quintana Arencibia (20/02/2011)
Equilibrio
Probablemente nos habremos fijado en diferentes construcciones de nuestro entorno. Hay puentes colgantes que tienen cables a ambos lados que le permiten mantener la estructura. Aunque es obvio, cuando se carga el combustible en un avión, en ambas alas debe haber la misma cantidad para no dificultar el vuelo. Y el último ejemplo más obvio: si quitamos una de las cuatro patas de una mesa se caerá por el lado que falta. El equilibrio es necesario para muchas situaciones y reglas de la física, pero también para la vida misma. El que haya tensión es bueno, pues mantiene equilibrio. Si hablamos del cuerpo humano, la mucha o poca tensión no es saludable. Quizá haya otro tipo de tensiones en la vida.
Jesús dijo: El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará (Jn. 12:25). Esta frase suena muy rotunda, pero hay que tener en cuenta que usa diferentes términos. Usa “vida” en tres ocasiones, y dos de ellas se refiere a la vida física (psyche), y el otro a la vida eterna (zoe). La intención aquí no es a que no amemos nuestra vida, pues esto sería un desequilibrio, sino que “la idea es que la persona que se concentra en su propio éxito aquí y ahora pierde su vida en todo lo que realmente importa, mientras que la persona que no busca ventaja personal tiene la vida eterna”, partiendo de que esta persona confía en el Señor. Juan advierte sobre esta forma de amar la vida, de amarse así mismo egoístamente, de buscar los intereses terrenales. Juan 2:15-16 dice: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo”. Lo que sí podemos hacer es confiar en Aquel que es dador de la vida eterna, Aquel que es la vida, Aquel que la sostiene. Confiemos nuestra vida en Jesús y no centremos nuestras fuerzas sólo en lo terrenal y pasajero. Que tengas una vida plena en Jesús. Con amor en Cristo:
Pr. Óscar O. Quintana Arencibia (6/2/2011)
Parte de esta reflexión está extraída de: Morris, León. Jesús es el Cristo. Terrassa: CLIE.
Cooperación

Los grandes buques son muy complejos en su funcionamiento. El portaaviones es un ejemplo de ellos. Esta inmensa mole que desplaza 100.000 toneladas de peso está compuesta por más de 5000 personas a bordo. Es una mini ciudad con un propósito defensivo. Allí hay cocineros, lavandería, controladores, mecánicos, armeros, etc. Muchísima gente trabajando. Pero lo que más me llama la atención son los que trabajan en la cubierta. Cada tripulante en la cubierta de despegue y aterrizaje tiene un chaleco de un color concreto que le identifica con la labor que ocupa. Uno de la catapulta, otro con cables, otros controlando el aterrizaje, otro enganchando, etc. Cualquiera de ellos que no ocupe su lugar o esté en el lugar equivocado puede ser desastroso para las operaciones.
En una infraestructura así se necesita cooperación. Hay una expresión griega que es συνεργέω (sunergeo), que viene de “sun: juntos” y “ergon”: obra-trabajo. Es decir, “trabajar con” o “junto a” alguien, de ahí el significado de cooperar, ayudar, etc. Pablo usó la imagen del cuerpo para hablar de estas cuestiones, pero yo he querido tomar la imagen de un portaaviones. La tripulación pasa por un período de formación y luego asumen cada uno sus funciones. Si uno de ellos falla se notará.
Generalmente hablamos de la cooperación unos con otros para referirnos al servicio que realizamos en la iglesia. Nuestro mutuo apoyo y trabajo sirviendo a Dios. Pero es interesante cómo Pablo también habla de ser colaborador de Cristo (2 Cor. 6:1). En la mayoría de las veces que menciona esta palabra lo hace para referirse a sus compañeros de misión, pero aquí se mencionan ellos como colaboradores del Señor. No estás sólo trabajando al lado de tus hermanos en la fe, sino que a tu lado tienes al mejor y más interesado “colaborador” en la misión; al Señor mismo. El Señor no es un mero cooperante, es el que te envía a cooperar, el que te enseña a cooperar y el que te acompaña en el proceso. Recuerda, tu compromiso no es con la misión, sino con aquel que te llamó a la misión.
Juntos cooperando “Puestos los ojos en Jesús”.
Pr. Óscar O. Quintana Arencibia (23/01/11)
¿En qué…?

Esta pregunta aparece constantemente en el mensaje de Malaquías en diferentes circunstancias (1:2, 6-7; 2:17; 3:7-8, 14). Malaquías escribe en unas circunstancias difíciles para el pueblo. Los repatriados del cautiverio babilónico tuvieron que enfrentar situaciones complejas. La economía era difícil; había un relajamiento moral y religioso. El profeta proclama su mensaje a esa comunidad desesperada y, mientras lo va exponiendo, el pueblo realiza una serie de preguntas indolentes hacia Dios: “¿En qué nos amaste? ¿En qué hemos menospreciado tu nombre? ¿En qué te hemos deshonrado? ¿En qué le hemos cansado? ¿En qué hemos de volvernos? ¿En qué te hemos robado? ¿Qué hemos hablado contra ti?”
Generalmente decimos que en las circunstancias adversas nos acercamos o volvemos más hacia Dios. Observando la actitud de este pueblo parece que no siempre es así. Estaban en una actitud arrogante poniendo en duda el mensaje de Dios, o mejor, poniendo en duda las exhortaciones que estaban recibiendo. Ya no es sólo el poner una excusa para salirle por la tangente a Dios, que por cierto, a todos sus “en qué” Dios da respuesta, sino la actitud petulante y creída de que “yo no estoy haciendo nada malo”. Hay varios aspectos que nos pueden hacer mucho daño. Uno es el rechazo del mensaje; el decir “este mensaje no es para mí”, de lo cual, la Escritura nos recuerda el no hacernos tardos para oír. El segundo es la ignorancia de la Palabra de Dios; el no conocer su voluntad hace que el pueblo vaya perdido y especulativamente. Pero lo tercero y peligroso también, es la indiferencia a las cosas de Dios. Esta era una de las actitudes del pueblo al que Malaquías escribe. La postura apática es muy contagiosa. La dejadez hace que no nos importe cómo se hagan las cosas.
Necesitamos una iglesia que tenga convicción de lo que hace y cómo lo hace. A Dios sí le importa cómo se hagan las cosas. Quizá nuestro “en qué” debería tornarse a un “en qué” interesado. Pensando ya en el 2011 que se aproxima podríamos decir: Señor, ¿En qué te puedo servir mejor? ¿En qué áreas de mi vida necesito cambiar?
Vuestro siervo en el Señor: Pr. Óscar O. Quintana Arencibia (2/12/2010)
Cultívalo

Formas de cultivos hay varias, pero hay una muy peculiar que es la técnica de cultivo de bonsáis. Precisamente, la palabra “bonsái” significa cultivar en bandeja. Esta técnica requiere cuidado y esmero para que surta efecto. Estando en el Seminario mi esposa y yo llegamos a cultivar tres de estos característicos arbolitos. Eran los más delicados a los cambios. Durante nuestro traslado a Bilbao, se quedaron allí los tres bonsáis. Dos de ellos se perdieron, pero uno de ellos llegó a mis manos no hace mucho. Alguien me lo trajo desde Madrid. Estaba muy mal; casi muerto. Perdía hojas sólo con mirarlo. Aparentemente no había nada que hacer por él.
Sin embargo, me tomé un tiempo por ver si lograba recuperarlo. Le hice un trasplante de maceta y tierra. Fue abonado con sustrato y sus propias hojas que había perdido. Fue regado y podado. Fue puesto en un lugar donde le diera la luz, y pudiera mantener una temperatura regular. Mientras iba probando todas estas acciones, parece que no había esperanza; seguía perdiendo hojas y debilitado. Sin embargo, llegó el momento en que cobró compostura y dejó de perder más hojas. Había comenzado a recuperarse.
Pregunto, ¿no sucede así con las relaciones? Mi bonsái se había quedado descuidado, sin atención y estaba a punto de morir. Sin embargo, el interés que se le prestó hizo que se recuperara. En nuestras relaciones sucede lo mismo. Pablo dijo: “Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros”. El descuidar a nuestro hermano, familia, amigos, etc., tiene sus consecuencias. Para mantenerlas vivas hay que trabajarlas. Me detengo ahora en el hogar. El hogar es como un bonsái; si no se le atiende esmeradamente se va estropeando. Tampoco podemos pretender cambios inmediatos, pero si dar pasos para establecer un hogar fuerte en la Palabra de Dios. Si ves que tu hogar pierde hojas con facilidad, si está debilitado, es momento para regarlo de amor. Para orientarlo a la luz de la Palabra de Dios. Para podar aquellas cosas que no son imprescindibles y nos impidan dedicar tiempo a los nuestros. Cuidemos y oremos por las familias de la iglesia.
Vuestro en el Señor: Óscar O. Quintana Arencibia (21/11/10)
¿LOST?

Este es el lema del campamento e jóvenes al que asistiremos este fin de semana (¿perdidos?). Estos jóvenes estánhaciendo una similitud con la exitosa serie televisiva “PERDIDOS” para preguntarse qué harían si estuvieran naufragados en una isla desierta con sus amigos. ¿Seguirían siendo los mismos? Escribiendo esto me viene al recuerdo la historia en la que Pablo, mientras era trasladado a Roma, tiene un naufragio frente a las costas de Malta. Salvando las distancias con los relatos de la serie “Lost”, para nada Malta es una isla desierta. En Hechos 27-28 se nos narra cómo la embarcación tiene dificultades para avanzar, y a pesar de los continuos consejos de Pablo, ellos siguen. Cuando naufragan en Malta, se suceden una serie de reacciones de diferentes personajes. Por un lado, los soldados piensan en ellos mismos, ya que creen que los presos escaparán y por tanto, ellos pagarán con su vida si esto ocurre.
Por tanto, la solución es matarlos antes que escapen (Hch. 27:42). Sin embargo, el centurión decidió tener una actitud diferente y salvar la vida de Pablo y de todos.
Por otro lado, ¿cómo reaccionaron los isleños? Al ver la tragedia les ofrecieron ayuda y encendieron un fuego para que todos se calentaran. Es decir, atendieron a los demás también. Y ¿Pablo? ¿Cómo reaccionó Pablo? A pesar de que era uno de los náufragos, Pablo seguía ayudando a los demás. No sólo dio consejos y ánimos mientras estaban en el barco, sino que ahora también sigue trabajando. Fue a buscar leña para avivar el fuego, pero cuando hizo esto una víbora se colgó de su mano (Hchc. 8:2-6). Sólo al que trabaja le pasa algo; no al que está sentado junto al fuego recibiendo tranquilamente el calor. Pablo no sólo daba ánimo y consejos, sino que también trabajaba (servía).
Cuando estamos sentados al fuego es fácil observar lo que hacen los demás y dar nuestra opinión sobre ello. Sobre Pablo pensaron que la mordedura era un castigo divino por alguna cosa, pero luego cambiaron de parecer al ver que no moría. Quizá hoy te digan lo bien que haces algo, pero mañana todo lo contrario.
Nuestro servicio es al Señor, no al “ojo humano”. No nos quedemos simplemente sentados al fuego esperando a que los demás traigan la leña. Salgamos nosotros a buscar más. Si queremos un ejemplo de servicio, tomemos estas palabras:
“Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos”, (Mc. 10:45).
Pr. Óscar O. Quintana Arencibia (07/11/10)
Currículum Vitae

Esta expresión proviene del latín, cuyo significado es “carrera de la vida”. Con ella, nos referimos al conjunto de experiencias, formación y trabajo que una persona ha realizado. Ante muchos, el “currículum vitae” es nuestra carta de presentación, nuestra portada y contenido de nuestra vida, y con este currículum podemos hacer que alguien se interese o no por nosotros. En ocasiones, puede ser que sin escribirlo, mencionemos nuestro currículum ante los demás. Es decir, a veces creemos que la vida gira alrededor nuestra, y en toda conversación algunos son expertos en toda materia de lo que se habla, o bien sacamos a relucir ante los demás toda nuestro brillante listado de “éxitos”. Veamos el siguiente currículum:
“Saulo, nacido en Tarso, ciudad importante de Cicilia. Tengo ciudadanía romana, aunque soy hebreo. Domino varios idiomas como el griego, arameo y latín. Tengo profundos conocimientos de estas tres culturas. Sé de diversas literaturas y me he versado en los grandes filósofos de nuestra época. En cuanto a religión, sigo todos los protocolos del judaísmo y los cumplo fielmente, por lo que me considero irreprensible en ello. He sido educado por Gamaliel, el cual es doctor en la ley y miembro del sanedrín, cuya persona podrá dar buenas referencias de mí. Soy una persona convincente y decidida. No me considero fanático, pero sigo aquello que creo firmemente. Tengo buena capacidad de movilidad y soy un buen estratega. También trabajo muy bien en equipo”.
¿No es esta una buena carta de presentación? Pablo era de “lo más” de su época. Pero dice que todo lo que había ganado, lo tiene como pérdida por amor a Cristo (Fil. 3:4-7); el contexto gira en torno a la propia justicia. ¿Quiere decir esto que su vida no vale nada y ha perdido su tiempo? No. El Señor mismo dijo “instrumento útil me es éste”, (Hch. 9:15). Pablo, simplemente está colocando las cosas en la perspectiva Cristológica. Él desea conocer a Cristo, y por ello, desea seguir avanzando. Indudablemente Dios usaría características de la vida de Pablo, pero su vida fue transformada por la persona de Cristo. Llegó a decir a la iglesia de Corinto que fuesen imitadores de él como él de Cristo. Su carta de presentación de Pablo es Cristo, el tema de su conversación es Cristo, y su vida y empeño fue dado a presentar a Cristo al mundo conocido de su época. Pablo deseaba que los creyentes fueran llenos del conocimiento de Cristo. ¿Cuál va a ser tu currículum vitae o carta de presentación? Debe ser Cristo en ti. En la “carrera de la vida”, está Cristo en ti. Como dice nuestro lema que queremos transmitir a la iglesia en esta nueva etapa y para 2011, “puestos los ojos en Jesús”.
Pr. Óscar O. Quintana Arencibia (10/10/10 )
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