
Meditaciones 2012
“Da el pego”

En más de una ocasión me ha ocurrido que al visitar a alguien en su casa le he dicho - ¡qué planta más bonita tienes! ¡Y qué bien cuidada está! – a lo que la persona responde: es de plástico. Después de que se me quede cara de circunstancias me fijo un poco mejor en dicha planta, y es increíble cómo parece real a la vista, incluso al tacto. Reflexionando sobre esto, Jesús hace una severa comparación entre su persona e Israel. En el capítulo 15 del evangelio según Juan aparece la expresión “Yo soy la vid” en dos ocasiones. En una ocasión se presenta como la vid verdadera, y en la otra con la vid en relación con los pámpanos.
Esta expresión es muy significativa para Israel. En el AT se habla sobre Israel usando la imagen de la vid (por ejemplo, Sal. 80:8-16; Jer. 2:21; Ez. 15). Sin embargo, en cada caso Dios está señalando el pecado de Israel. A veces se usa la imagen de la vid como de una Israel degenerada (Jer. 2:21). Un pueblo que no cuidó del pacto, y fue tras ídolos, etc.
Se debe entender esta expresión en Jesús como un contraste con la falta de fe de Israel. En este sentido, Jesús se está presentado como la única vid verdadera. El pueblo no había producido los frutos que se esperaban de ellos. Pero donde Israel había fallado y se había convertido en una vid falsa e infiel ahora vemos a la vid verdadera y fiel, la vid en la que el propósito de Dios se realizará.
Jesús dice que las ramas sin fruto son desechadas. Es una acción relacionada con la poda, o limpieza. El propósito de plantar vides es obtener fruto, no hojas. El propósito nuestro no es tener apariencia (ser un cristiano de plástico), sino tener fruto. La parábola habla una vez más de un concepto importante que recoge Juan. La permanencia en Jesús. Pero no es sólo permanencia, sino una permanencia que debe llevar a producir fruto. La salvación en Cristo no es un proceso que conduce a la pereza, sino que la salvación en Cristo está pensada para conseguir que el salvo produzca una calidad de carácter acorde con su fe cristiana y que le dé temor de que no lleve fruto. Y la forma en que podamos llevar fruto es el contacto vital con Jesús. Los frutos no los fabricamos nosotros mismos, sino su obra, la permanencia en Él.
El fruto puede ser entendido en dos vertientes: como el extender el reino de Dios en más frutos (conversos, discípulos, etc.) o bien puede ser entendido como la vida fructífera del carácter cristiano, de la vida cristiana, el carácter de Cristo (Mt. 3:8, Ro. 6:22, Gal. 5:22ss). Llevar fruto es lo que glorifica al Padre y cumple su propósito. El que Jesús diga – “y seáis así mis discípulos”- es en realidad como confirmación de que lo somos.
¿Qué tipo de cristiano quieres ser? ¿De plástico, que dé el pego, que aparenta a la vista, incluso al trato? O bien, ¿Quieres ser un cristiano que de fruto en su vida? En este caso, conoce y permanece en Cristo.
Con amor fraternal:
Pr. Óscar O. Quintana Arencibia (29/01/12 )
Hacia la madurez

Hace poco un apreciado
profesor de la Facultad de Teología UEBE me envió esta meditación que hoy os
comparto. Cuando un muchacho Cherokee tiene 14 años, debe participar
en la “ceremonia del paso a ser hombre”. Su padre le venda los ojos y lo
lleva al bosque. Posteriormente lo sentaba en un tronco y le dice: Hijo,
tendrás que pasar toda la noche sentado en este tronco; no puedes sacarte la
venda de los ojos,
ni llorar, ni llamar a nadie hasta que sientas el calor del sol en tu piel.
Y lo dejaba al muchacho en el bosque, solo sentado en el tronco.
Él no podía llorar, ni llamar por ayuda; tenía que estar callado, y a pesar de sentir los ruidos de los animales toda la noche, o incluso otros humanos que podían hacerle daño, no podía sacarse la venda de los ojos. Era la única manera de llegar a hacerse un hombre. Finalmente en la mañana cuando sentía el calor del sol sobre su piel, entonces se sacaba la venda de los ojos, y allí frente a él, sentado bajo un árbol estaba su padre. Él había pasado toda la noche cuidando a su hijo.
Asimismo nosotros nunca
estamos solos, ya que nuestro Padre celestial está siempre ahí, cerca de
nosotros. Cuando vienen problemas y circunstancias difíciles, todo lo que
podemos hacer es pedirle su ayuda; quizás no nos dé la respuesta que
queremos, pero está ahí con nosotros.
Los Cherokee mantenían el secreto; así los niños no sabían que sus
padres nunca los dejaban solos en el bosque. Pero se hacían hombres, no por
ser fuertes, ni por ser valientes, sino porque comprendían en ese instante,
el significado de la confianza, fe, y la lealtad de un Padre.
¿Cuál es la moraleja de esta historia? Aunque no veamos a Dios, no quiere decir que no esté ahí. "...porque caminamos por Fe y no por vista". Ten confianza; tu Padre y Buen Pastor te está cuidando en 2012.
Con amor en Cristo: Pr. Óscar Quintana (15/01/2012)
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